En el vacío de lo inmenso,
inmerso en tus ojos
juego a aventurarme
no temo perderme,
puesto ya me sé el camino a seguir desde
tu boca
a tus
labios incesantes
finitos son los versos, pero ya no quiero hablar
por eso cállate la boca
y amárrame las manos
que no quiero terminar rasgándote la ropa
esos feos trapos que a veces siempre usas
y que suelen tapar todas las líneas que dibujo
que solamente afean todo el ser humano,
volviéndolo tan triste, tan menospreciado
más piensa aún la suerte
de nosotros como amantes
la dicha de la vida puesta en nuestros ojos
esa es nuestra ropa,
y la dicha el nunca usarla
cuando cerramos la
puerta
a todo lo de
-afuera-
que todo afuera pasa
y todo adentro queda.